La Vendimia, la imagen del esfuerzo, de las horas, del trabajo duro bajo el sol, durante un año, del hombre con su tierra y la emoción que conlleva trabajarla para ahora, por fin, recoger sus frutos. Es el resultado del esfuerzo, de la paciencia y de la ilusión que el agricultor lleva esperando durante un año y que dará su cuerpo en un vino.

Antaño los hombres salían de sus casas antes de que despuntaran las primeras luces del alba, la comida en la alforja y la bota cargada eran compañeras que nadie dejaba atrás. Hombres y mujeres, a veces familias enteras, todos juntos comenzaban la ardua tarea de la recolección hasta bien entrado el día.

Armados con sus navajas capazos y esportones, con una mano acariciaban el racimo de uvas mientras con la otra mano las arrancaban de su madre con un corte rápido y limpio, echarlas en los esportones, para una vez lleno, arrojarlos al remolque que los conducirá al comienzo de una nueva vida, la bodega.

Son muchos los desvelos y labores que el agricultor ha de realizar en la viña. Al finalizar la vendimia, se inicia otro proceso en el que hay que poner además de gran cuidado, muchísimo cariño, que posteriormente, la tierra y el clima le darán a la uva la personalidad que caracteriza nuestros vinos.

Hoy en día son muchos los pueblos que celebran fiestas en torno a estos preciados caldos, como por ejemplo nuestra vecina Villafranca de los Barros, que el día 8 de septiembre, coincidiendo con las fiestas de su patrona  La Virgen Coronada, celebran la ya popular Fiesta de la Vendimia donde se elogia la riqueza de la tierra gracias al vino nuevo que se obtiene año tras año, en una celebración que cada vez acoge más personalidades. Se utilizan elementos propios de trabajos agrícolas para el desarrollo de llamativos juegos y competiciones, que conviven con otras actividades de actualidad, sin descuidar la rica gastronomía local, las catas y degustaciones, charlas y visitas didácticas sobre el vino.