Alejarnos de la rutina diaria, de la monotonía, de los horarios, del teléfono del trabajo, de las reuniones, de los emails, de aquellas cosas que tienes que hacer hoy y que te indican que eran para ayer,  de las facturas, de los números, de las tablas excel, del calor que desprende la pantalla del ordenador, de ver cómo los minutos pasan tediosamente, mientras  alzas la mirada hacia la ventana, y te sorprendes al ver que el sol brilla impetuoso. Casi sin darnos cuenta, cuando llega la hora del final de la jornada,  salimos prácticamente corriendo de la oficina, dejando pasar unos minutos de la hora para no levantar sospechas. Cogemos la bicicleta, esperamos en la parada del autobús, arrancamos el coche, iniciamos un camino, que nos dirige, ¿Hacia dónde? Tenemos varias opciones, el relajado sofá de casa, la piscina municipal, unas cervecitas con los amigos, seguir con los quehaceres del hogar o dar un relajado paseo por la dehesa extremeña, entre otros. Para esos momentos en los que uno busca desconectar de todo y de todos, sugerimos un paseo por las preciosas rutas de encinas, alcornocales, riachuelos. Un lugar para conectar con la historia, la gastronomía y la naturaleza. Paseemos por un sendero de pinos, miremos el riachuelo, toquemos el agua, observemos nuestras manos bajo el agua, como se mueven tranquilamente, acerquémonos, en definitiva,  a la naturaleza y en seguida notaremos una diferencia en nuestro cuerpo al sentir que respiramos más profundamente y con más ganas, veamos cómo nuestro cuerpo se adapta a una nueva velocidad. Cuanto más desconectas de tu día a día, del ordenador, de la tecnología,  y más conectas con los animales y la naturaleza más vivo te sientes, más energía tienes y mejor responde tu cuerpo. Por ello, desconectemos para reconectar, ¿Con quién? Con nosotros mismos.